La teoría más inquietante acerca del desarrollo de la personalidad fue la del psicoanálisis. A finales del siglo XIX y durante la primera mitad del XX, mucha gente se impresionó con esta teoría que sostenía que los motivos sexuales (con la interpretación sexual en el sentido liberal) influían a la mayoría de las conductas humanas.
Igual de perturbadora era la idea de Freud de que la mayor parte del tiempo no sabemos en forma consciente por qué actuamos del modo en que lo hacemos, en vez de comportarnos como seres racionales, somos guiados y manipulados por necesidades primitivas y por traumas de nuestro pasado, los cuales residen en lo que Freud llamó inconsciente, es decir, el hombre es víctima de sus propios impulsos inconscientes.
Al padre de la psicología le interesó tanto este estudio que trabajó con Charcot un año para conocer de cerca la metodología y los efectos de la hipnosis; se preguntaba ¿Cómo se estructura la personalidad humana y cómo se relaciona la mente con el cuerpo para causar esos problemas? y su respuesta se convirtió en lo que hoy se conoce como Teoría Psicoanalítica de la personalidad.
Propuso que la persona que enfrenta problemas imposibles de resolver en su vida diaria encuentra el problema psicológicamente doloroso, por lo que, para escapar de esa situación de manera automática lo aleja de su consciente, ese material olvidado es relegado a la situación del inconsciente y queda reprimido para mantener oculto el sufrimiento de la existencia, lo que le permite conscientemente sentirse mejor y en paz; sin embargo, el problema, ahora insconsciente, continúa agitando y expresándose tortuosamente de modos diferentes, como migraña o paralisis para posteriormente añadir fobias, obsesiones, compulsiones y ansiedades.
Para él la solución era: la represión del conflicto, que se originaba en un problema del desarrollo temprano de la vida del paciente, tenía que ser traído al consciente, el paciente debía reconocer el origen de sus dificultades y revelar verbalmente la situación del conflicto original para más tarde trabajar sobre el mismo de una manera constructiva y satisfactoria y así liberarse de la neurosis.
Una vez que se decepcionó de la hipnosis, comenzó a trabajar con la asociación libre y la interpretación de los sueños.
La libre asociación consiste en estimular al paciente a relajarse para que describa sus pensamientos libremente; el analista escucha durante horas su narración para localizar temas ocultos que indican los problemas escondidos; su trabajo consiste en desenmascaran los elementos significantes de la narración del paciente y revelar el porque estaba realmente en el desarrollo pasado del individuo.
De manera parecido usa la interpretación de los sueños .considerando al sueño una ventana para mirar los contenidos del incosciente. Ambas se consideran técnicas cruciales para llevar a cabo la terapia, como fuentes exclusivas para la obtención de datos de la niñez ya que constituyen la descripción del crecimiento sexual.
El ello, el yo y el superyo.
Es necesario reconocer que todas las conductas físicas y psicológicas necesitan energía para activarse, en la teoría psicoanalítica la fuente de energía son los instintos, que se definen como un factor de nacimiento que da fuerza y dirección a las actividades psicológicas.
Freud, en 1920, estableció un par básico de fuerzas motivadores: lo intentos de vida y de muerte; la fuerza de los instintos vitales se refleja en actos creativos, de amor y de altruismo; los de muerte en actos destructivos, en el odio y en la agresión.
Para este psicólogo judío el proceso de vida consiste en la competencia continua entre las fuerzas aparentes de vida y muerte; amor contra odio, preservación contra autodestrucción.
El psicoanálisis confiere al recién nacido como un ello que busca únicamente la satisfacción de sus necesidades de comida, bebida, calor, eliminación y afecto (cuidado de su madre o algún sustituto); la única manera posible de reaccionar ante señales de tensión es llorar, hacer muecas y mover brazos o piernas.
Con el paso del tiempo, el bebé experimenta placer cuando sus necesidades son satisfechas, a este segundo componente se le conoce como el yo.
El yo sirve como tomador de decisiones, media entre el "ello-yo quiero" y el mundo verdadero que dice las conseguiré con el mínimo de esfuerzo o dolor, el yo opera con el principio de la realidad, es decir puede reconocer las condiciones y las demandas del mundo real y entonces buscar métodos de satisfacción de las necesidades del ello que sean aceptables en este mundo.
Para Freud el niño no posee una voz innata que le diga que es bueno o malo, por lo tanto un pequeño no se siente culpable o avergonzado cuando infringe una expectativa de la sociedad, por lo tanto necesita experimentar consecuencias -premios o castigos-; así es como surge el superyo; Freud afirma que cada niño sí nace con la capacidad de desarrollar valores internos y sentirse satisfecho y orgulloso cuando permanece en los valores que le enseñan o viceversa culpable cuando los infringe. Es durante su niñez y adolescencia que el menor adquiere valores morales que adapta a su ambiente.
El cómo y el porqué el superyó aparece y se desarrolla está relacionada en forma cerca con las etapas del desarrollo psicosexual.
El alemán coincibe al superyó formado por dos factores: la conciencia y el ideal, la primera representa lo que no debe ser y por lo cual será castigado; el ideal representa las posibilidades de los valores morales que se le han enseñado al niño; cuando el niño va madurando deja de necesitar sanciones, su superyó se encarga de premiarlo con sentimientos de rectitud o castigarlo con culpabilidad.
El comportamiento es resultado de la manera como el yo negoció el arreglo entre las tres conflictivas fuentes de demandas: el ello que insiste en una satisfacción inmediata de sus demandas; el superyó que presiona a vivir con valores morales incorporados de personas significativas y el yo propone las condiciones bajo las que los deseos pueden ser satisfechos sin castigo.
Mecanismos de Defensa
El yo cuando no madura adecuadamente se torna débil, permanece infantil e inmaduro y usa lo que Freud denomino mecanismos de defensa, por medio de los cuales busca engañarse a sí mismo y a los involucrados en los asuntos que encara, porque se siente incapaz de resolver los conflictos en medio de las demandas que confronta.
Estos mecanismos, cabe señalar que siempre son inconscientes, se describen de la siguiente manera:
Represión: Aleja los asuntos inquietantes fuera de la conciencia y los aloja dentro del inconsciente, de esta manera se libera de las preocupaciones, pero el material reprimido fomenta inquietudes y produce síntomas.
Sublimación: Sustituye por medio de actos aceptados socialmente (arte, cuidado de niños) una conducta sexual directa.
Regresión: Consiste en regresar a una etapa más temprana para ajustarse a los problemas.
Formación reactiva: Adoptar una conducta opuesta a su instinto porque siente que sus impulsos básicos se han debilitado, es decir reprime sus deseos originales y adopta una conducta opuesta.
Compensación: Buscar dominar una barrera ambienta o personal para sustituir a otra en la que se es débil.
Racionalización: Ofrecer una razón social aceptable, por una conducta motivada por un razón poco honesta.
Escape: Huir de una experiencia estresante, tanto a nivel físico como psicológico.
Pulsiones
Después de varios estudios Segismun planteó que existen dos que en cualquier situación se fusionan: la sexual y la agresiva.
La pulsión sexual o erótica se manifiesta desde la infancia, durante el primer año y medio de vida la boca, los labios y la lengua son los principales órganos sexuales, es decir, los gratificantes que tiene son orales, es importante pensar cuanto placer causa de adulto succionar, tomar con la boca y morder.
En el siguiente año y medio el ano constituye el lugar más importante de tensión y gratificación sexual, el agrado y desagrado se relacional con expulsión y retención de heces.
Al final del tercer año de vida el papel sexual comienza a ser desempeñado por los genitales, el pene es el principal objeto de interés
Con el paso de los años el adulto se relaciona con su medio social y estas pulsiones las alimenta a través de una serie de fenómenos: gratificación, hábitos, presiones sociales, curiosidad intelectual, interés estético o artístico, entre otros...
En la infancia
Principales aportaciones
Además de que las diversas teorías que planteo Freud considerado el padre de la Psicología se entrelazan con todas los estudios posteriores ya sea para negarlas o reforzarlas, existen dos que han sido absolutamente confirmadas, el determinismo psíquico o causalidad y la conciencia como atributo excepcional, la unión entre ambas es tan estrecha que resulta difícil hablar de las mismas por separado.

En la mente nada ocurre por ventura, cada fenómeno psíquico está determinado por aquellos que le precedieron; es común que el paciente piense que un síntoma neurótico es una cuestión aislada y se le dificulte comprender que en realidad forma parte de un todo que se creo en su propia mente.
Es necesario escarbar en el inconsciente para llegar a comprender qué fue lo que genero determinada actitud en la persona para que al momento de descubrirlo desaparezca la secuencia que está dañando la convivencia cotidiana.

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